lunes, 28 de septiembre de 2009

Sonríe pasablemente, algo es algo.


Día difícil hoy. Siempre me pasa cuando voy a la oficina del paro. Atestado, por supuesto. Gente incómoda, gente que no quiere estar allí la mayoría y el resto está para aprovecharse de lo que le regala el estado cuando ni de lejos se plantean trabajar.


Qué sistema más cutre este. Nos tratan a todos como ganado y del mismo trato que nos dan nos vamos transformando. Estando en la cola para arreglar los papeles ("reanudar la prestación", qué expresión más aseada y bien sonante; a mi me revuelve el estómago), llegó un toro. Y como cualquier toro enfadado que se precie, sólo sabía dar cornadas. Bravuconando espetaba por el hocico sonidos que aspiraban ser palabras: "Zhan ekivucao...man puegto zais mece uando io tabaje lo menon cuatorce!!!!". Malditos sean aquellos que critiquen o mal miren a alguien por no saber hablar bien, por no saber expresarse como dios manda, porque nadie tiene potestad para juzgar ni para saber en qué condiciones se ha criado nadie, ni con qué oportunidades contó, o que le quitó las circunstancias que le rodearon...pero malditos todos aquellos que no saben lo que es el respeto, los que no saben escuchar, los que piensan que la razón en una conversación cualquiera se adquiere por el volumen de la voz, los que usan la fuerza bruta como único argumento en cualquier situación.


Pero si penoso era el energúmeno en cuestión, igual o más penosa es la actitud de los que se veían afectados por el astado. Nadie fue capaz de pedir,por favor o sin él, que se apartara un segundo, que aguardara su turno, que no eran formas, que no le chillara en la cara, que no hacía falta...cualquier cosa. Estuve a punto de ser yo quien le dijera algo...pero espere un segundo, para comprobar si alguno de los que se vieron interrumpidos tenía la dignidad mínima para repeler el ataque. Nada. El indeseable seguía chillando y chillando y aquello que rayaba en el despropósito supino se convirtió en algo normal, aguantable, pasable...porque para qué, para qué molestarse, para qué reprimir al bestiajo, si seguro que es peor...mejor esperar y ya pasará el caparrón.


La sumisión es de los más contagioso. Aparece en el gesto de la funcionaria y se va desenrollando. Cae sobre los formularios del ministerio y se desparrama. Fluye y fluye; y antes de que te des cuenta tu cabeza está a kilómetros de allí, en alguna esquina de tu barrio, en algún partido de hace años con tus colegas, en la cintura de alguna...etc. Y todo para que lo que ves pase pronto, porque si te gusta poco la causa, qué hacemos con el efecto...y esa tendencia es difícil de doblegar. Hace falta ser un semi héroe para alzar la voz en ese momento. O al menos, eso parece...yo no quiero creerlo, me resisto a creerlo...pero, ¿qué hice yo?. ¿Quiénes eran más asesinos, los nazis o todos aquellas gentes normales que sabían lo que pasaba y no lo denunciaron?.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Un buen plan

Creo que es de recibo utilizar este medio para compartir con mis amigos algo que seguro van a valorar como buenos nazarenos que son (los que lo son, claro). Desde hace tiempo me di cuenta que mi naturaleza me impulsa a compartir con la gente que quiero todo aquello que me hace sentir bien, desde una película, un lugar, un libro…y pensándolo un segundo, incluso a las personas…de hecho a muchos de vosotros os presenté yo, cosa de la que estoy muy orgulloso. Los inmiscuidos saben de qué hablo. Un día hablaré de los orígenes…que de eso hablamos poco.

Sé que esto le pasa a casi todo el mundo, pero a unos más que a otros. ¿Qué significa si no este blog?.

El caso es que muchas veces nos devanamos los sesos buscando planes o sitios a los que ir para pasarlo bien. Que si una peli en el cine, que si un nuevo bar de copas, que si una obra de teatro, que si un paseo por la calle Betis…la mayoría de las veces estos planes cumplen con las expectativas que llevabas. Pero qué hay de esas veces que esperas poco, o nada y te encuentras con una maravilla, pequeñita, cercana y que ha estado allí para ti, todo el tiempo, incluso la viste un día, al pasar…pero llevabas prisa, no era el día adecuado, o simplemente aún no tenías las “gafas” graduadas.

Hoy fui con M.del Mar al Factory. Estoy buscando desde hace días una camiseta lisa, sin dibujos ni nada; para pintarla. Cuando tenía 20 solía hacerlo, incluso todavía tengo algunas que me quedan bien. Entre el tiempo que voy a tener (creo) y lo poco que me gustan las camisetas que veo por ahí…pues se me ocurrió volver al pincel.
8 euros, blanca y otra negra, XL, en otra época sería L, pero Hispano quedó lejos ya.
Salimos. Nos compramos unos Brikis Fusions en el Burger King, que para algo ha de servir. Y de buenas a primeras se me ocurrió irnos al Hipódromo.

Eran las 8:30 aprox., y estaba anocheciendo. El sol se ponía y las nubes más al oeste estaban rojas y anaranjadas, allá por el Aljarafe.

Nos colocamos en lo alto del cerro que está más allá del aparcamiento. Siguiendo por la carretera, pasas la entrada a las gradas y subiendo la última cuesta antes de empezar a bajar, pues ahí. Seguro que sabéis dónde os digo. Cuando subes con la bici, como solía cuando la cogía, llegas demasiado ahogado como para fijarte demasiado; pero si te paras un segundo y miras hacia Sevilla, verás todo un espectáculo. Entre los olivos que circundan la curva se abre un hueco de unos 9 ó 10 metros entre un árbol y el siguiente. Por ahí, como si fuera una ventana desde el altozano, puedes abarcar desde el Aljarafe hasta Montequinto. Aguzando un poco la vista podéis ver la Giralda, el Alamillo, las torres de La Plaza de España, por supuesto el puente del Quinto Centenario…y si va anocheciendo, un arco iris de luces sacado de Encuentros en La Tercera Fase.

Desde allí podía verse toda Sevilla pero “en silencio”, en medio de la brisa del campo, teniendo toda la vorágine de la metrópolis delante de ti, pero lejos; a vista de pájaro. La perspectiva siempre permite ver mejor y ser más consciente de las cosas. Por eso, y durante un instante, me sentí dichoso de estar donde estaba, de ocupar ese trocito de espacio, de vivir en Dos Hermanas, de estar tan cerca de algo a lo que se quiere tanto…



Hay un tronco que sirve de valla para no caer de la cuesta abajo. A nosotros nos sirvió de asiento, aunque los cardos secos del suelo me provocaron un sarpullido en el brazo. Todo no podía ser perfecto…aunque un par de caricias de “ella” funcionan mejor que cajas y cajas de inyecciones antihistamínicas.

Os invito a todos a ir allí. Esa hora es genial, pero a medio día, antes de la cerveza tampoco estaría mal. A lo mejor os pasa como a mí, que ahora me voy a la cama con ese regusto que dejan los días bien aprovechados.

Hasta mañana.

sábado, 22 de agosto de 2009

"Esto es lo que hay. Da miedo"

Voy a transcribir un correo que un buen compañero de la radio me ha mandado. Se trata de la realidad política, empresarial e informativa que tenemos en este nuestro querido país, España. Ayer cenando por casualidad con un simpático y afáble argentino me llamó la atención unas palabras que dijo: "España es un país tranquilo. Nunca pasa nada y quizá por eso la gente nunca protesta, por mucho que se aprovechen de ella, no como en Francia o en Argentina". Estas pullas a nuestra olvidada conciencia social deberían hacernos reflexionar, por eso reescribo aquí lo siguiente tal y como a mi me ha llegado:





The Economist, Wall Street Journal y Financial Times sitúan al IE Business School de Madrid entre las cinco mejores escuelas de negocios del mundo. Hoy he cenado con una persona vinculada desde hace años a dicho Instituto y al mundo empresarial español. He aquí alguna de las perlas que han surgido en la conversación, reproducidas con su permiso:






"No existe libre comercio ni, mucho menos, libre flujo de la información. Es mentira. La información importante siempre es privilegiada. Si una información implica que alguien pueda ganar mucho dinero, nunca fluye y nunca fluirá."






"A partir de ciertos niveles, la relación entre empresa y política es directa. Mucho más de lo que la mayoría de la gente sospecha. Una llamada de teléfono directa, de móvil a móvil, sin secretarias de por medio. Los concursos públicos, cuando hay decenas de millones de euros en juego, son una pantomima. Muchas grandes empresas se presentan no para ganarlo, porque saben que no tienen ninguna posibilidad, sino para ver si hay suerte y consiguen alguna subcontratación."






"España es de 20 familias. Como mucho. Pero podría ser peor. México es de 10."






"Las operaciones económicas importantes siempre pasan bajo el radar. Si todo un país habla de una operación, como la fusión de Cuatro y La Sexta, por ejemplo, es porque, en el fondo, no es importante. Hablan de eso para que no se hable de la operación que realmente les importa."






"Todas las grandes empresas tienen personas haciendo cosas ilegales. Yo los llamo boinas verdes. Tienen libre acceso a las bases de datos de clientes y hacen de todo. Por ejemplo, segmentan a sus clientes según religión para que los estudios de mercado de la empresa sean mucho más eficaces. Para afinar más. Eso no es legal, claro, pero los boinas verdes son indetectables. Ni están en nómina, ni salen en ningún papel de la empresa ni tienen un despacho. Pero cobran muy bien y todas las grandes empresas tienen alguno."






"La revolución tecnológica ha supuesto un problema para las grandes empresas, y es el enorme poder que ha adquirido la gente de sistemas. Es muy raro que una empresa despida a un veterano de sistemas. Por ejemplo, ahora, en plena crisis, la gente de sistemas aguanta en sus puestos, por mucho que cobren. Eso es así por la cantidad de información que tienen sobre la empresa. Saben de ella más que nadie, y las empresas no saben cómo gestionar ese poder que, sin querer, les han dado."






"Sí, claro, publica lo que quieras. Quien lo quiere saber, ya lo sabe, y al resto le da completamente igual."






AL RESTO LE DA COMPLETAMENTE IGUAL... esto es lo verdaderamente sangrante. Sé que es díficil acceder a la información importante, pero es que ni siquiera la básica, la que nos llega cada día hace reaccionar a la gente. Nos hacen ser egoístas; pensar únicamente en nosotros: mi coche, mi piso, mi televisión, mis vacaciones..mi, mi, mi...y lo hacemos encantados. Ya que tenemos todas nuestras necesidades básicas cubiertas...¿a qué esperamos para hacer algo más?. ¿Por qué si a nadie le gusta este sistema no se hace algo para cambiarlo?. Son expertos en hacernos olvidar que todos juntos podemos, que el pueblo tiene el poder, que sin nosotros no son nada...su trabajo lo hacen genial, cada día, no decaen nunca...nosotros cejamos hace tiempo. Pusilánimes todos. Que asco. Que falta de imaginación, de vitalidad, de ilusión por la cosas que no se nos dan en la mano...ya basta de culpar a otros, que cada uno se mire el ombligo y piense qué hace realmente por mejorar la vida de los que le rodean; y por ende su propia vida y su conciencia.

martes, 18 de agosto de 2009

Careta y Tropezón

Careta fue la primera. Siempre hubo perros en el patio de la casa de mi abuelo. Allí la afición a la cacería mueve a los hombres a acumular perros en sus patios con la menguante ilusión de que les traigan la pieza sin comérsela por el camino. Por lo general son de media casta, frugalmente alimentados, según el mentor y de regulares modales según también el tarugo que los críe.


Esta costumbre, convertida ya en tradición, se convirtió en mi en pura indiferencia hacia los animales que moraban nuestra casa. Las escasas horas que pasaba allí justificaban el desapego que siempre les tuve a los perros. Pero esta vez iba a ser diferente.


Al principio fue como siempre. Yo sabía que estaba allí y ella sabía que alguien andaba por aquella casa por lo general oscura y silenciosa como una tumba, ya que desde hace años nadie vive en el que fue hogar de mi abuelo, excepción hecha de los fines de semana y las fiestas locales.No sé si fue por propia iniciativa o por mero instinto, pero el hecho es que el cúmulo de horas solitarias que iba pasando en mi nueva residencia me fue inclinando a acercarme cada vez más al patio.




La luz, que entra a la casa desde ese lado; las macetas, que dan un punto de color, de vida necesario y que contrasta con el estatismo de una casa umbría y vacía...todo esto me hacía pasar más ratos en ese lado de la casa; o eso creía yo. El caso es que me fui acercando a ella.
Un día cualquiera decidí cambiar mi sitio de lectura y ponerme en el patio, con una silla al agradable sol de Marzo, no como el que tenemos ahora. Ella me miraba extrañada; supongo que en su vida había visto a nadie sentarse a leer delante de ella. El caso es que yo allí me sentía agusto. Aquellos ojitos mirándome atentamente a cada movimiento que yo hacía, o distrayéndose con los sonidos más insignificantes...todo aquello me hacía formar parte de algo en lo que no estaba sólo. Los dos compartíamos la tarde, toda para nosotros, sin que nadie nos molestara. Los sones horarios del campanario eran el único punto y seguido en nuestro remanso.


El cariño del uno hacia el otro fue aumentando. Le daba de comer cada día: cuando había pienso, pienso, cuando no, tenía que sacar ingenio...hasta llegué a comer menos de los tupper de mi madre para dejarle algo, componiendo la manduca con un mendrugo de pan mojao en sopa, en fideos, en menestra...etc. Incluso chorizo ibérico le daba, que a mi no me sienta demasiado bien. ¡Cómo agradecía aquellos apaños!. Cuando me oía entrar por la puerta los días entre semana cerca de las tres, se ponía a ladrar y ya no se escuchaba otra cosa en toda la casa. Yo abría la ventana de la cocina y le respondía : ¡Quién ha venío! ¡ Y mi Careta guapa! jajajaja, me reía yo sólo imaginando que alguien me oyera.



A partir de entonces todo era aparecer en el patio y empezaba la fiesta. Daba saltos tan altos que me llegaba a la cabeza, hasta que arrancaba la pica que la sostenía a la cadena. Su ilusión por verme la ponía tan nerviosa que todo lo que quería era tocarme; literalmente se abrazaba a mi pierna y no quería que me separa de ella, ladrando, saltando, corriendo...como loca. Qué pocas veces vemos esa alegría natural en la gente que nos conoce cuando nos encontramos; quizá cuando hace mucho que no nos ven, pero jamás tan de verdad e imposible en la cotidianidad del día a día. Es una alegría desbordante, que lo llena todo y siempre a pesar de que un día se te olvide darle de comer, o no la saques a correr, o la tengas desatendida, sin agua fresca y con moscas alrededor...cuando llegas allí está todo el cariño del mundo para ti, sin reproches, sin malas caras, sin esas verdades que te hacen culpable...todo se olvida, como si no hubiera existido. ¿Hay un amor más sincero que ese?, dar y no esperar, perdonarlo todo, olvidarlo todo...


Me di cuenta de lo celosa que era cuando apareció en escena el otro individuo: Tropezón. Un bretón pequeñito (cada vez menos) que escogimos de entre toda una camada. Por supuesto me fijé en el más tontorrón, el que casi no andaba mientras sus hermanos saltaban de aquí para allá. Él no hacía más que tropezarse y esconderse tras unas tablas. Estaba claro que era el elegido.




Al principio les costó adaptarse el uno al otro. Como en cualquier relación, uno de los dos tenía que ceder más para equilibrar las cosas, y entonces conocí la nobleza de Careta. El enano torpe se hacía con el mando, hacía y deshacía, comía de lo suyo después de jartarse de lo ajeno...sin embargo, siempre era él quien iba en busca de ella. Saltándole encima, haciéndola rabiar, mordiéndole la oreja, las patas...un incordio; pero ella lo aguanta todo y rara vez le ladra. Me emocionaba ver cómo después de un par de días difíciles marcando terreno por fin jugaban juntos, compartían jergón y ya son uña y carne, siendo tan diferentes. Eso sí, tengo que acariciarlos alternativamente y repartiendo los tiempos, sino se ponen celosos...ella más que él, incluso de M.del Mar...que también me ha enseñado a quererlos, casi sin darse cuenta.

Allí siguen los dos, esperando a que vuelva, destrozando cualquier zapato despistado que caiga por allí; regalando empatía y cariño a todo aquel que quiera pararse a su lado un rato, no mucho...si se sabe apreciar, si se sabe comprender cuánto bien nos hacen y qué poco se lo agradecemos. Ahora iré preparándome para la despedida, que será dura y triste, pues fueron mis fieles compañeros durante 5 meses de mi vida. Nunca sabrán lo importantes que fueron para mi; una presencia real a la que me agarraba y que convertía la soledad en un juego de niños. Ellos son los verdaderos dueños de la casa, pues conocen como nadie el sonido profundo de las horas muertas que transcurren dentro de ella.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Radiografía

Cuando empecé a escribir en este blog pensaba usarlo como una especie de diario donde recoger mis pensamientos, mis preocupaciones...¿mis intimidades?

Hace poco Canal Sur ha comenzado una compaña de concienciación para hacer ver a la gente la multitud de riesgos a los que estamos sometidos, consciente o inconscientemente, usando internet sin ningún tipo de tamiz o filtro por nuestra parte. No esos que nos ofrece Facebook o Tuenti, esos sobre quienes queremos que vean nuestras fotos...no, no me refiero a eso. Me refiero a la protección personal que nosotros mismo deberíamos dar a nuestras cosas en la red. Y es que a veces se nos olvida que te todo lo que pasa por la red puede llegar a manos de gente que nos quiere poco, ya sea conocida o desconocida...por no hablar de los perjuicios que podríamos ocasionarnos si alguna información incómoda llega a la persona equivocada, ya sea por descuido o por triquiñuelas de baja calaña.

Ya sé que es fácil olvidarse de todo y de todos en la intimidad de nuestro portátil. Estoy aquí, en mi salón, sólo, sin nadie presente y claro...como no dar rienda suelta a nuestra mente para sacarlo todo, para decir y dejar plasmado las cosas que tenemos en mente; preocupaciones, recuerdos...pero es un error. Se trata de una gran tontería hacerlo por varias razones: en primer lugar, hay que ser vanidoso para creer que a la gente potencial a la que puede llegar esto, le interese mis intimidades; y una vez sabido esto y también teniendo claro que sí, que hay gente a la que interesa (por suerte), ellos se sentirían agraviados al ver su derecho, ganado con el paso del tiempo, del tiempo vital y compartido que es el que merece la pena, tirado por el suelo. Desparramado por internet como si fuera la foto de un famoso, o la crítica de la última película insípida. Alguna vez he visto en Facebook la foto de un tío besándose con la novia, y al rato ver el comentario de ella diciendo con vergüenza: "pichurri, ¿esto qué hace aquí?". Es decir; ¿qué cojones pretende ese individuo colgando el beso que le dio a su novia?, alardear de novia, decirle a todo el mundo lo orgulloso que está de la hembra que lo aguanta...porque la cosa tiene que aguantar vamos.

Cada uno está en su derecho de hacer lo que quiera, siempre que sea permitido. Pero, ¿qué intereses hay detrás de esa gente que va corriendo a colgar las fotos que hizo de sus amigos y de sí mismo en la última juerga que se corrieron?. ¿Por qué hay que hacer público lo que antes era íntimo?, ¿por qué le damos tan poco valor a nuestras cosas: a nuestra imagen, a ese momento único que es estar con nuestros amigos de verdad,a nuestra intimidad en definitiva...?. Dónde ha quedado el regocijo de tener algo en común con un amigo, amiga o novia, y que sólo lo sepamos los dos. Es cuando compartir adquiere su significado verdadero, cuando se crean lazos eternos entre las personas, cuando tu amigo...etc tiene algo de ti que nadie tiene ni tendrá. Y sólo lo sabéis los dos. Quién no haya experimentado esto, debe saber que hay algo que le falta por vivir.

Se ha convertido en práctica habitual intercambiarse las fotos comunes entre varios conocidos por internet: "¿No tienes Facebook?, pues ahí te las cuelgo." Así de fácil, sin pararse a pensar no sólo a quienes puede llegar esa foto, aún siendo la más inocente que se pueda imaginar; si no lo que significa publicar una imagen. Por que realmente es eso lo que hacemos cada vez que subimos algo a internet: PUBLICAR, poner ahí para los demás, para todo el quiera acercarse y cogerlo.

¿Cómo es que nos vendemos tan barato?, y ¿a cuántos de los que salen en la foto preguntamos si le parece bien que colguemos la foto?. Por supuesto que los de estas empresas son muy listos, y no sólo existe la posibilidad de colgar una foto en la que sale alguien a quien jamás preguntaremos su opinión sobre meterla en internet o no, sino que también está la posibilidad de etiquetarla...qué bonita palabra...me recuerda a NOMINAR...qué bien saben decorar las palabras cuando nos venden mierda.

El otro día leí que nunca violadores, secuestradores, pederastas...etc lo tuvieron tan fácil como ahora. Basta con poner un nombre, ver las fotos, elegir la/el que más le guste, mandarle un mensaje de amistad...y si cuela, con suerte, podrá saber por dónde sale, quiénes son sus amigos, y hasta su dirección.

Muchas veces hablamos de los canis, de los niñatos...y en relación a lo que escribo pienso: no hace falta tener serrín en el coco para hacer estas cosas; para colgar la foto de tu escote o de tu paquete, o de la cena con tus colegas...nos pasa a todos, y pocos se paran a pensar en todas las consecuencias que esto puede acarrear. Aquí sólo he apuntado algunas, pero hay muchísimas más. Si alguien lee esto, que se pare a pensarlo un segundo, nada más.

martes, 14 de julio de 2009

De Profundis, Oscar Wilde (1905)


Se trata de la tercera parte de la obra redactada por Oscar Wilde desde la cárcel, dedicada y dirigida a Alfred Douglas, hijo del marqués de Queenberry, y cuya relación sentimental al ser considerado un menor y del mismo sexo, motivó la prisión del escritor en aquella época victoriana.

Salió a la luz cinco años después del fallecimiento de Oscar Wilde y gracias a los desvelos de Robert Ross, su amigo y ejecutor testamentario.

La obra representa el cenit de la inspiración y de la autobiografía del poeta inglés y revela cómo cualquier clase de experiencias poseían para Wilde significado artístico. En su anterior vida deseaba poner la mayor distancia posible con el dolor, por considerarlo una degeneración del espíritu, y en cambio, sufrió en sus propias carnes y espíritu el escándalo, la vergüenza derivada de un terrible proceso, la más ingnominiosa condena, el mayor desprecio de los hombres y toda clase de burlas. Durante los primeros meses, incapaz de resignarse, pensó en el suicidio, pero tras una larga meditación, resignado y mortificado por un enervante trabajo manual, descubrió toda la grandeza del dolor y el sufrimiento que plasmó en De Profundis.

  • " Las funestas equivocaciones de la vida no deben ser atribuidas a la ausencia de razón. Un instante de irracionalidad puede llegar a ser nuestro momento más hermoso. Nuestras equivocaciones son producto de la lógica que rige al hombre. Entre ambas cosas media un abismo".
  • " Quiero poder llegar a decir con toda sencillez, sin falsedades, que mi vida tuvo dos momentos decisivos: cuando mi padre me envió a Oxford, y cuando la sociedad me mandó a la cárcel. No quiero decir con ello que el haber entrado en la cárcel sea lo mejor que me podía haber sucedido, pues esto implicaría una amargura excesiva contra mí mismo. Prefiero decir u oír decir que habré sido un hijo característico de mi tiempo, que, en mi perversidad, y a causa de ella, he trocado en malo lo bueno de mi vida y lo malo en bueno. [...] lo esencial que he de realizar, es absorber en mi todo cuanto se me ha hecho, convertirlo en una parte de mi mismo, aceptarlo sin protestas, ni resistencias, ni temores. El mayor de los vicios es la ligereza. Todo lo que llega hasta la conciencia es justo".
  • "Al principio de mi reclusión algunos me aconsejaron que intentase olvidar quién era. El consejo no podía ser más desgraciado. Tan sólo dándome cuenta de lo que soy he podido hallar algún consuelo. Ahora hay quien me aconseja también que, en cuanto sea puesto en libertad procure olvidar la cárcel. Pero sé que eso sería igualmente fatal, pues toda mi vida me sentiría perseguido por un insoportable sentmiento de verguüenza, y todo lo creado para mi y para los demás: la belleza del sol y de la luna, el cortejo de las estaciones, la armonía del amanecer y el silencio de las dilatadas noches, la lluvia murmurando entre el follaje y el rocío que cae sobre la hierba y la platea, todo estaría hollado para mi y perdería su poder curativo y su popiedad de esparcir alegría. Lamentar la propia experiencia es como impedir el propio desarrollo; negar la propia experiencia es como sellar con una mentira los labios de la propia vida. No es menos que intentar renegar de la propia alma".
  • "Al entrar en contacto con el alma(para lo que hay que desprenderse de todo lo material), uno se vuelve otra vez niño, y esto es lo que uno ha de ser, según las palabras de Cristo.Qué trágico es pensar que pocos son los hombre que se hallan en posesión de su alma antes de la muerte. Emerson dice: <nada hay más raro en un hombre que una acción voluntaria>. Esto es una gran verdad, pues la mayoría de las gentes son distintas de ellas mismas. Piensan con las ideas de otros; su vida es una parodia, y sus pasiones son remembranzas. Cristo fue, no sólo el mayor individualista, sino también el primer individualista de la Historia. Hay quien ha querido presentarlo como uno de tantos abominables filántropos del siglo XIX, o como un altruista nacido entre ignorantes y sentimentales. En realidad no fue ni lo uno ni lo otro. Cierto es que tuvo piedad de los pobres, los presos, los miserables y los humildes, pero tuvo todavía más piedad de los ricos, los hedonistas, los que sacrifican su libertad y se convierten en esclavos de las cosas, los que llevan vestiduras finísimas y viven en palacios dignos de reyes. La opulencia y el placer le parecían tragedias mayores que la pobreza y el dolor. Y en cuanto al altruismo, ¿quién mejor que Él podía saber que la inclinación y no la voluntad es lo que nos impulsa, y que no es posible cosechar uvas del espino ni higos de los cardos?...Vivir para los demás no era el fin determinado y consciente de su doctrina. Su base era muy otra. Dice: <Perdonad a vuestros enemigos>, y ello no implica el amor a nuestros enemigos, sino a nosotros mismos. Pues el amor es más hermoso que el odio."
  • "He de decirte esto aún: no tengas miedo alguno al pasado. Si los hombres te dicen que el pasado no se puede cambiar, no los creas: el pasado, el presente y el futuro para Dios, ante Quien debiéramos esforzarnos en vivir, no son sino un instante. El tiempo y el espacio, la sucesión y la extensión, no son sino relaciones casuales de ideas, que la imaginación puede traspasar para moverse libremente en el campo de las existencias ideales. Y las cosas son igualmente, con arreglo a su esencia, lo que nos place que sean. Lo que son depende del modo como las contemplemos. <Allí donde otros - dice Blake - ven únicamente el crepúsculo descender sobre la montaña, veo yo retozar de alegría a los hijos de Dios>.

lunes, 13 de julio de 2009

Ver dos veces


Últimamente estoy viviendo una experiencia nueva y a la vez conocida. Meterme en un grupo de gente unos siete años más joven que yo me traslada a aquellos años en los que estaba en la facultad, con aquellos amigos de clase que entonces eran amigos amigos, de los que lo sabías todo, que contaban contigo para cualquier cosa, tu grupo, tu gente...es fácil ante esta perspectiva que los pocos paréntesis instantáneos que se abren en un finde de playa, música, comidas, buena gente y besos...se mezclen con mi propio inventario de aquellos años, donde yo era ellos hoy.

Me doy cuenta una vez más que esos listados recurrentes de edades del hombre, resumidos en videoclips, películas, anuncios...con música de cada época, siempre melancólica y arquetípica, no son más que artificios vacíos, que se quedan bastante lejos de cualquier realidad; porque no hay una realidad. Cada uno tenemos la nuestra. Nuestra forma de ver lo que pasa a nuestro alrededor, de forma individual y de forma colectiva.

Este grupo del que hablo es diferente al que yo tuve, pero sería diferente a cualquier otro. Por supuesto que hay cosas comunes, pero no muchas. Nunca me gustó la tendencia a clasificar que tiene la mayoría de la gente, a embotellarnos según grupos, clanes o creencias..."ese es un pijo...esa es tortillera..." qué asco, qué simpleza.

En pocas palabras, aquel grupo que un día existió, que tuvo vida no forzada, aunque heramos conscientes de que había fricciones, incompatibilidades y risas a mantener a duras penas...hoy ya no existe. Se fue. Es poco menos que un recuerdo poco particular. Quizá hoy lo vea más claro que entonces. En aquel momento con poco se era amigo del que se sentaba a tu lado. Apenas comportías una película, un par de desayunos y unas paradas de bus y con eso sobraba para salir juntos.

Ya entonces lo notas. En tu interior lo sabes. Hay una voz que te dice que a poco que se estire la distancia, las circunstancias no sean propicias o aparezca alguien que nos caiga mejor...la pequeñita grieta que se blanquea sola, puede que empiece a crecer y un día, de un mes de no muchos años allá...ni siquiera habrá muro donde puedas ver la grieta, porque ya no habrá nada.

Cuando me encuentro a uno de aquellos compañeros tiendo a sentir cierto remordimiento. Pienso que pude hacer algo más por nuestra amistad de entonces, que no hice todo lo que estaba en mi mano, que tenían cosas que aguantar pero que también eran geniales en otras...quizá me fustigue más de la cuenta; porque las amistades que se pierden son como los amores que no cuajan: estaba claro desde el principio pero no queremos reconocerlo, nos duele aceptar que algo que nos tomó tanto tiempo se pierda en un instante. Y vestimos el duelo de olvido...como decía Cervantes: "El olvido es un regalo del cielo", si no, quién podría vivir con tanto pesar en la cabeza.

Pero soy consciente de que ese es mi caso: prácticamente no mantego contacto casi con ninguno de mis compañeros de facultad, casi. El domingo pasado, cuando este grupo del que hablo se despidió de ese fin de semana, o quién sabe de qué en realidad...me emocioné mucho, tanto por lo que veía: una amistad sincera, un verano tras el cual no se ordenarán las cosas como todos esperan; ya no se reencontrarán en las puertas de la facultad, ya no habrán más apuntes que compartir ni más trabajos que terminar a las tantas de la mañana porque al día siguiente tiene que estar listo, ni más cenas (sí, pero no, sí que las habrá, pero ya no será lo mismo, porque cuando acabe la cena sabrán que al día siguiente no se van a encontrar)...algo se muere y algo nace. Pero también porque yo era el único que había visto aquello antes y sabía que era lo más probable que pasaría en el futuro. Esa verdad contrastaba tanto con lo que veía que me parecía mentira que llegara a pasar...¡maldita sea!, pero pasa, lo sé...lo sabrán, o quizás no, ojalá que no.