martes, 16 de febrero de 2010

Gracias Chaplin


Este fin de semana pasado hemos estado en Granada para entrar por primera vez en el recién creado festival de Cine Clásico; se llama Retro Back. Lleva dos años existiendo y eso se nota, aunque creo que a Granada le gusta su festival, le sienta bien...es bonito ver a Humphrey Bogart con el fondo de azulejos árabes...y bueno, cualquier excusa es buena para ir a esta joya que tenemos tan cerca.

Vimos 4 películas, todas clásicas por supuesto, y todas buenísimas: El Circo (Chaplin), El Gran Dictador (Chaplin), Psicosis (Hitchcock) y Casablanca (Michael Curtiz).

Pues bien, al final de El Gran Dictador se recita un discurso que me recordó muchas cosas, temas de actualidad y valores que casi tenemos olvidados...leedlo porque merece la pena (y no jode el final, por si alguien quiere verla, que no lo dude)

"El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: "No desesperéis".

La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueran, la libertad no perecerá jamás.


¡ Soldados ! ¡ No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; que os dicen lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan ha hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡ No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina ! i Vosotros no sois máquinas ! ¡ Sois hombres ! ¡ Con el amor de la humanidad en vuestros corazones ! ¡ No odiéis ! ¡ Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!


¡ Soldados ! ¡ No luchéis por la esclavitud ! ¡ Luchad por la libertad !

En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡ no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres ! ¡ En vosotros ! Vosotros, el pueblos tenéis el poder, el poder de crear máquinas, El poder de crear felicidad 'Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.


Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡ Pero mienten ! No han cumplido esa promesa. ¡ No la cumplirán ! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡ Soldados, en nombre de la democracia, unámonos !


Hannah, ¿puedes oírme? ¡ Donde quiera que estés, alza los ojos ! ¡ Mira, Hannah ! ¡ Las nubes están desapareciendo ! ¡ el sol se está abriendo paso a través de ellas ! ¡ Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz ! ¡ Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad ! ¡ Mira, Hannah ! ¡ Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡ Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza ! ¡ Alza los ojos, Hannah ! ¡ Alza los ojos !

miércoles, 3 de febrero de 2010

Hagamos algo, algo, lo que sea.

Un país donde la derecha nos roba las calles, los obispos asaltan las tribunas y los lobos se afilan los dientes. Un país donde los políticos tienen un precio y los obreros votan a las derechas. Un país donde la cultura se cubre de polvo, la incultura se pone de moda y la televisión se llena de mierda. Un país donde la democracia es cosa de cuatro, los jueces se cubren de gloria y los reyes se hacen de oro. Un país donde la gente se muere de miedo, los patrones se mueren de risa y los banqueros nos quitan el sueño. ¿Es un país de corderos?
No es fácil luchar contra todo un estado de cosas cuando pocos se atreven a declarar la guerra a la corrupción, la incultura, la ignorancia y la injusticia. Y mucho menos cuando los valores de la solidaridad han sido aplastados por los del individualismo, y cuando el sistema ha conseguido enfrentar entre sí a quienes deberían unirse para no dejar piedra sobre piedra del templo de los miserables. Cuando los bancos han puesto de rodillas a millones de trabajadores, no debería quedar uno que no fuera de nuestra propiedad. Cuando cientos de miles de inmigrantes son humillados y encadenados a situaciones de miseria y marginación, ninguno debería quedar sin rebelarse contra la opresión. Cuando a alguien se le pasa por la cabeza recortar el más mínimo derecho social o laboral, el miedo a ser devorado no debería dejarle dormir ni un segundo.
Mientras vivamos en un país donde los trileros del lenguaje sigan hipnotizando corderos, donde los que se llaman “socialistas” violen reiteradamente la memoria de quienes si lo son, o lo fueron, y mientras la gente no recupere la capacidad de soñar y luchar por lo imposible, nada cambiará. Los eternamente utópicos, los infatigables, los imprescindibles seguirán luchando contra gigantes, a pesar de la mirada escéptica de millones de personas. Pero un día, quizá más pronto que tarde, el virus del optimismo de quienes se rebelan una y otra vez contra la injusticia, se contagiará, y nadie conoce vacunas contra el optimismo.
Si se tiran piedras en la dirección adecuada, tarde o temprano se acaba produciendo la avalancha, y entonces no serán trescientos quienes se levanten contra la corrupción, sino 300.000. No serán diez mil los que salgan a la calle contra un Monarquía oscura y antidemocrática, sino cientos de miles. Entonces no serán miles los que defiendan tus derechos en la calle, sino millones. Entonces este país ya no será este país. Pero para eso, alzaos y volved a alzaos, hasta que los corderos se conviertan en leones.

Javier Parra.

“A mis camaradas del Partido Comunista de España y a todos aquellos compañeros de viaje, socialistas, anarquistas y librepensadores que nunca se rinden”.

Nuestros padres tuvieron agallas, no seáis menos viviendo en la mentira de que sois mejores que ellos. No se trata de escuchar “Like a rolling stone” y pensar que bonita fue aquella época, aquella rebeldía, ahora es nuestro tiempo. Pensad que se puede hacer y hacedlo.

Juanlu.

jueves, 21 de enero de 2010

Una semana en el corazón del Palmar

El Palmar es el nombre de un trozo de tierra de labranza de una fanega y media de extensión, lo que viene a ser unos 9.000 metros cuadrados según la medida castellana, pero ya os digo yo que no es tan grande.


Por cuestiones de herencia, el minifundio del campo andaluz va dividiéndose en pequeñas porciones hasta el punto en que poco o nada rentable puede hacerse con tal menudencia de terreno.


Esta tierra, a las afueras de Villarrasa, fue un día propiedad de mi bisabuelo, después de mi tatarabuelo y así sucesivamente hasta llegar a mi padre. Así que al menos tres generaciones antes que yo sudaron y comieron de esta tierra árida pero fértil con poca agua.


34 de los 70 olivos que allí hay son imponentes. Se alzan con troncos más anchos de lo normal, y sostienen fuertes ramas que se extienden en todas direcciones. En alguno de ellos podrías meterte en medio y estar tranquilo de que nadie te verá aunque esté a pocos pasos de ti. Y si además la tarde es de brisa lenta y cálida, estar allí puede compararse con cualquier placer que os imaginéis.


Hace una semana la campaña de recogida empezaba para nosotros. Un poco más tarde de lo normal, pero a mi padre no le dan vacaciones antes; y sí, él coge parte de sus vacaciones para recolectar sus aceitunas. Pero esto no es más que el culmen del trabajo de todo una año. Regar, sulfatar, quitar varetas, arar, volver a regar, fumigar...y todo a base de fines de semana, de horas y horas empleadas en un quehacer que rara vez sale a cuenta, donde el esfuerzo redobla la recompensa, por muy agradable que sea tener aceite de primera durante todo el año.


Sin duda hay algo que lo mueve. Mi padre no es para nada ambicioso, y aunque lo fuera esa pequeña porción de tierra no da para grandes cosas. A él lo lleva la tradición. Lo que se hizo siempre, lo que vio desde pequeño, desde que iba en burra desde casa de mi abuela, con zapatos raídos y ropa "a lo justo". Si hacía bueno bien, si hacía malo "pa eso está el capote". Las anécdotas son incontables...faltan días de recolección para que las cuente todas: divertidas, otras menos, penurias por aquí, hambre por allá...pero siempre el campo, el bendito trozo de pan con tocino, la escudilla que se llena de polvo y los compañeros que ya no están...


Me gusta pensar que el campo, que el Palmar, tiene memoria. Que sabe que mi padre estuvo allí desde que era un niño. Que lo conoce, que lo observa, como lo hizo con su padre y con su abuelo. Que también me mira a mi; quizá con ojos desconfiados, porque no está seguro de cuál será su futuro. Y todo esto configura una especie de misterio sordo y mudo, que nadie se atreve a mencionar, pero que está ahí, que estuvo ahí y que nos sobrevivirá a todos nosotros.


Su forma de expresión es el silencio. Un silencio hondo, que viene de lejos, de muy lejos. Un silencio que si te paras a escucharlo estremece, se te mete por la planta de los pies y te recorre todo el cuerpo. Y en ese instante ya eres parte de él; porque te da miedo moverte, no vayas a ensuciar el silencio de años. De décadas. De siglos.

lunes, 21 de diciembre de 2009

La lotería de navidad


Es precisamente ahora el momento en que todo puede pasar. Esta frase puede aplicarse a cualquier momento, en cualquier año...aunque no seamos muy crédulos en cuanto a esto: en cualquier momento puede pasar lo mejor o lo peor.


Pero en esta mañana del mes de diciembre, cuando realmente para todos empieza el invierno y la navidad, parece como si se abriera una especie de puerta a infinidad de cosas que de antemano se encuentra de par en par para todos. Pura ilusión; seguro, y más cuando "sólo" se trata de dinero. Pero hablar de dinero en este momento es poco menos que infame, o mejor, desilusionante. Porque en el momento desde el que hablo las caras de la gente, las prisas por levantarse de todos los miembros de la familia, la emoción por casi nada que entra desde la pantalla del televisor, la búsqueda desesperada de un boli que nunca está en su sitio, o el simple hecho de estar en frente del televisor con cara de pasmarote, escuchando una letanía de números que se repite en ritmo y cadencia, quizá lo que realmente nos tiene enganchados; bien justifica esta liturgia anual que a todos nos atrae. Ese círculo de números y premios que va formando una canción de eterno estribillo y que todos relacionamos con momentos agradables: estar en casa desde pequeños, alrededor de la estufa, con los cubiertos del desayuno que se quedaron a vivir encima de la mesa, la tía que entra desde la calle y lo primero que pregunta es: "¿Ha salido el gordo ya?". El sinfin de participaciones de dudoso origen, desde la peña bética "El orejón", hasta la Virgen de "La Peña", que por supuesto nadie sabe cómo llegó hasta la olla, donde desde siempre se guardaron en mi casa décimos y participaciones.


La suerte está echada. Quedan segundos para que empiece. Yo he comprado uno. Uno de los 85.000 décimos posibles. Así que es más probable que me caiga un rayo, pero este momento es precioso, pura tradición. Quizá por eso nos insistan tanto nuestros mayores en que las tradiciones no se pueden perder, que es como perder parte de tus raíces, parte de tu ser...


Empiezan a girar los bombos. Mi hermano no se entera de cuánto toca por cada euro invertido. El repunte de ilusión ha vuelto a rozarme por la punta de los pelos de la cabeza .Y si me toca...seguramente sólo recuerde con las años la cara que puso mi madre.


Son las 09:12 y ya empiezo a acostumbrarme a eso de mil euros.....mil euros......mil euros.....mil euros.....

miércoles, 9 de diciembre de 2009

A veces pasa

A veces pasa.


Hoy ha sido en la estación. De noche. Hacía frío. La gente andaba cansinamente, de vueltas de otro día cualquiera, sin nada más en su haber que estar en medio de otros dos similares.


Miradas al vacío, caras indiferentes, cansadas y con un punto alarmantemente creciente de hastío.


Vi a una chica a lo lejos. Iba por uno de los pasillos elevados. Sola. Y entonces pasó.


Me puse triste. Triste por nada, triste por casi nada. Por no esperar nada, por no poder cambiar mucho, o quizá por no tener ánimo para cambiar algo.


Me convertí en otro. Otro de aquellos rostros rotundos, pesados, graves...desganado.


Quizá sea la estación. El hecho de que allí todo pasa, nadie ni nada va para quedarse; que no sea el hogar de ser viviente alguno...que hayan pasado por allí otros yoes que ya no están. Otras ilusiones que ya cambiaron...otro tiempo que ya se fue. ¿O será que pronto cumpliré 30 años?.


Qué bueno que sólo a veces pasa.




martes, 17 de noviembre de 2009

Una tarde con mi abuelo.

Estoy en la habitación 226 del Hospital de Valme. El paciente es mi abuelo. Tiene 90 años. Está colostomizado y además orina por una sonda desde hace 5 años. Son números que circunvalan las medias, porque según los médicos pocos son los que pueden contar tantos días en su haber con tales problemas de fluidos orgánicos. Entre la fortaleza y la suerte están encontradas las apuestas de los facultativos que aparecen con cuenta gotas.

Cualquier galeno que pase por ese pasillo, lleno de voces anónimas y móviles mal educados, puede pararse quizá unos segundos ante tales datos…no más, al fin y al cabo se trata de un abuelito, como ellos los llaman; y los casos quirúrgicos interesantes no suelen estar en ese arco de edad. Para mi esos “datos” son una pavada, una pamplina, una menudencia si atendemos a lo importante, a lo personal, a eso que cada vez más se sumerge en el olvido de esta sociedad de prisas, de comisiones e intereses por encima de lo demás. Del “yo” antes y después de lo demás.

Si en esta habitación hubiera un espectrograma de la dignidad, habría que cambiarlo cada cinco minutos; porque de esa mi abuelo va sobrado. Los niveles se saturarían y los médicos más potentados del país no se retirarían de su cama ni un instante. Se enorgullecerían tan sólo con poder contar que lo vieron respirar, entre cafés algún atrevido de entre ellos se arriesgaría incluso a aseverar que el vejete le guiñó un ojo, o al menos eso le pareció. Sus gasas y sondas se convertirían en el mismo instante que lo rozaran en auténticas reliquias, codiciadas y hasta bien tasadas en el mercado negro. Y a nosotros, sus familiares, vendrían todos los medios nacionales e internacionales exigiendo entrevistas e intervenciones vía satélite para sus boletines grises de política y noticias sin alma.

A mi abuelo le sobra dignidad, regala entereza, tiene esa majestad en el saber vivir que lo hace respetable y noble. “¡Cuántas cosas ha visto uno!” me dice, después de hablarme del 20 de Marzo de 1938, que fue cuando lo mandaron a la Guerra; “con 18 años recién cumplidos y sin haber dado un tiro en mi vida; hasta Martos nos mandaron en tren, más pa’llá no se podía”. Yo le pregunto sin parar y él no se cansa de contarme: en qué casa nació, el equipo de fútbol del pueblo cuando él era un chiquillo, los de su quinta, “que apenas queda alguno”, los que cayeron después de la Guerra sin haber hecho nada. El estraperlo, la obligación de esconder la harina y el trigo para poder subsistir con los hornos de pan que habían en la casa…infinidad de penurias y necesidades pasadas y superadas como buenamente se pudo.

Y aquí estamos nosotros. Quejándonos amargamente cuando nos sale un grano, cuando se nos estropea el coche, cuando se va la luz, ¡oh, dios mío que no me funciona el portátil!, ¡qué será de mi si no para el autobús!. Él sale a la calle con dos bolsas colgando del cuerpo, una para la orina y otra para los excrementos, pero os puedo asegurar que nadie lo nota. Lo que sí nota la gente es su olor, su colonia, que no es de Emporio Armani, pero no falla un día. Sus camisas bien planchadas y sus pantalones con la raya esculpida por la mitad. Tan derecho como le dejan sus dolores y ahí va, calle adelante, sin ningún complejo y con la vida por montera, hablando con todos y respetando a cualquiera.

90 años y sigue afeitándose solo. Ése debería ser el titular de portada en El País…aunque tanta dignidad sonrojaría a muchos.Sí, mejor dejarlo como está.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Y yo que sólo queria hacer footing...

Que vamos a hacerle...aquí acabo todo. Saludos a todos. Fue genial mientras duró. Os espero en la barra del cielo. Ciao.

http://www.jetueunami.com/13emeRUE/meurtre/JorlJuanlu/p69780qqj5g46g4p26b8