jueves, 14 de mayo de 2009

Gazapos y buenos tratos

Voy abrir una nueva sección aprovechando mi posición privilegiada dentro de un medio de comunicación donde pasan cosas que casi nunca salen a la luz. Son gazapos que se quedan dentro y en realidad son las que deberían salir a diario porque son muy graciosos y a la vez humanizan a esos periodistas que aparentemente son serios, estirados...y no sigo. Bueno, voy a ir dejando guiños pequeñitos que son a los que tengo acceso, ya que en RNE Huelva no es que se haga muchas horas de emisión para poder recopilar más fallos divertidos. Iré administrándolos mientras dure mi paso por aquí, que no tiene visos de ser demasiado.
Para empezar una pequeña muestra de cómo me trata mi compañera del Insituto Nacional de Metereología, de la que voy a omitir el nombre porque pongo esto aquí sin su consentimiento, pero va sin maldad ninguna. Venga....



Esto no es un gazapo, se trata de un montajillo que le hice a mi grandísimo amigo Alejandro Prada, que hace años se fue a Madrid a ejercer su profesión de médico. Él sabe cúanto lo hecho de menos y lo voy llevando como buenamente puedo; pero de vez en cuando hay que darle la vuelta a las cosas y reírse de ellas. Así que le dediqué esta sevillana, muy propia para los tiempos que corren.

jueves, 7 de mayo de 2009

Los adioses. (Buenos Aires, 1954)


Lo prometido es deuda y ahí va mi primera reseña de los libros que voy leyendo. Primero una pequeña sinopsis, por si alguien se anima a leerlo; y luego una selección de textos y las ideas que he ido sacando sobre ellos, aunque aviso que este libro está cargado de belleza y de reflexión, de ahí que sólo hablaré de lo que en el momento de la lectura me pareció más interesante. Seguramente si lo volviera a leer (que creo que con este sí pasará) habrían otras partes que también incorporaría.
Antes de los extractos incorporaré un breve resumen de la situación para mejorar la comprensión de los textos recuperados, que copiaré directamente del libro.

Sinopsis: Un hombre llega a una ciudad de las sierras, donde hacen su cura los tuberculosos. Pasiva pero firmemente se niega a asimilarse a esa vida de sanatorio, de alentada esperanza, que contamina toda la ciudad. Es taciturno, no acepta. Vive sólo para las dos cartas (el sobre manuscrito, el dactilografiado en la máquina de tipos gastados) que llegan regularmente y que son la vía por la que continúa comunicado con el mundo exterior. Un día llega una mujer, autora de una serie de cartas... Otro día, distinto, llega la de las cartas a máquina: es una muchacha fuerte, indestructible, viva, para quien el hombre ha alquilado un chalet...

Textos: [el camarero del almacén (así llaman al bar) se dispone a llevar en coche a la muchacha joven hasta el chalet donde lo espera el protagonista tuberculoso, que además fue un famoso jugador de baloncesto]
"No intenté mirarla durante el viaje; con los ojos puestos en la luz que oscilaba elástica en el camino de tierra, no necesité mirarla para ver su cara, para convencerme de que la cara iba a estar, hasta la muerte, en días luminosos y poblados, en noches semejantes a la que atravesábamos, enfrentando la segura, fatua, ilusiva aproximación de los hombres, casi en cualquier posición de la cabeza, sus agujeros sinuosos, inocentes; con el labio inferior demasiado grueso, con los ojos chatos, sin convexidad, como simples dibujos de ojos hechos con un lápiz pardo en un papel pardo de color más suave. Pero no enfrentando sólo a los hombres, claro, a los que iban a llegar después de este a quien nos íbamos acercando, y a los que ella haría seguramente felices, sin mentirles, sin tener que forzar su bondad o su comprensión, y que se separarían de ella ya condenados a confundir siempre el amor con el recuerdo de la cara serena, de las puntas de sonrisa que estaban allí sin motivo externo, y hasta sin motivo nacido en su pensamiento o en su corazón, la sonrisa que sólo se formaba para expresar la placidez orgánica de estar viva, coincidiendo con la vida. No sólo enfrentando a los hombres, la cara redonda y sin perfumes que no trataba de resistirse a las sacudidas del coche, que se dejaba balancear asintiendo, con una cándida, obscena costumbre de asentir; porque los hombres sólo podían servirle como símbolos, mojones, puntos de referencia para un eventual ordenamiento de la vida, artificioso y servicial. Sino que la cara había sido hecha para enfrentar lo que los hombres representaban y distinguían; interminablemente ansiosa, incapaz de sorpresas verdaderas, transformándolo todo de inmediato en memoria, en remota experiencia. Pensé en la cara, excitada, alerta, hambrienta, asimilando, mientras ella apartaba las rodillas para cada amor definitivo y para parir; pensé en la expresión recóndita de sus ojos planos frente a la vejez y la agonía".

Que más se puede escrutar a partir del rostro de una "puta". Cómo va tejiendo cada una de las cosas a la que esa cara se va enfrentando día a día,en su rutina de amores "artificiosos y serviciales"; las reacciones de ella y de ellos...y el símbolo "obsceno" de su asentimiento con la cabeza por el movimiento del coche. Genial.

Bueno, podría añadir muchas más que seleccioné pero creo que con esto hay bastante. Para terminar una frase que elegí: "Imaginé al hombre cuando bajaba trotando hacia el hotel, después del abrazo; consciente de su estatura, de su cansancio, de que la existencia del pasado depende de la cantidad del presente que le demos, y que es posible darle poca, darle ninguna."

miércoles, 6 de mayo de 2009

¿Quién te crees que eres?


No me gusta Cristiano Ronaldo. Quizá sea el jugador más vertical que juegue al fútbol profesional hoy día. Tiene una pegada exquisita. Un primer sprint de muchísimas revoluciones; su cambio de ritmo deja seco al central más fuerte. Remata muy bien de cabeza. Su repertorio de regates es toda un enciclopedia que reúne cosas de Cruyff, de Prosinecky, de Onésimo e incluso de Garrincha. Es todo fibra que compone un físico envidiable para la práctica del balompie. Cosa rara entre los jugadores de fútbol: es inteligente dentro del terreno de juego, al menos para los intereses de su equipo, aunque no siempre. Además es atractivo y siendo joven ha ganado bastantes títulos. Pero no me gusta.


Tengo que mirar demasiadas veces afuera de la pantalla para no cabrearme cuando lo veo jugar.

Reúne muchísimos aspectos que definen la actitud de la sociedad actual: es prepotente, excesivamente descarado, mal educado, chulesco, egocéntrico, mal perdedor. Su forma de ser está lejísimos de su calidad como jugador y precisamente eso lo elimina para llegar a ser un jugador de leyenda, respetado por todos, admirado y un espejo donde mirarse, aunque por desgracia esto último es lo que más se da entre los chavales.

Inevitablemente me viene a la mente otra estrella que hoy día está en lo más alto de su carrera, aunque por lo que parece no ha hecho más que comenzar: Rafael Nadal. Es cierto que es más fácil conocer a los deportistas con éxito: salen en todos los informativos, todos quieren entrevistarlos, les hacen reportajes...así que terminas sabiendo más sobre ellos y por eso, y además de eso, sabes cosas sobre ellos. Pero a este individuo, independientemente de ser el mejor jugador de tenis actual, merece la pena conocerlo por ser cómo es; por ser el mejor, por todos reconocido y sin embargo, el más humilde, el más humano; capaz de consolar a su rival a pesar de sumar más títulos que él (Roland Garros 2008: Federe vs. Nadal), de jugar una final de Grand Slam y 24 horas después, a muchas horas de avión estar en un hospital dando regalos a los niños enfermos...hasta los envidiosos hablan bien de él.


Recuerdo cuando Mónica Naranjo estaba en la cresta de la ola "sobreviviendo a grito pelao". Le hicieron una entrevista y una de sus respuestas fue: "No me gusta la falsa modestia". A mi tampoco, pero creo que la modestia cuando es falsa deja de ser modestia. Se convierte en una mentira al servicio de otra cosa. La modestia natural es la única modestia que existe.


Zidane, Laudrup, Gordillo, Alfonso, Mathew Lettisier, Puyol...cuanto tendrías tú que aprender de ellos, Cristiano. Tu fama durará lo que duren tus piernas prietas,una carcamonía en la muñeca de un niño, después polvo y olvido.

La campana de la torre sigue sonando igual


Desgraciadamente hay cosas que nunca cambian; a pesar de la buena voluntad de uno por autoconvencerse de que no, de que si mejoran los servicios, las infraestructuras, los medios para educación, deportes…etc, la gente de los pueblos será diferente a cuando yo era un niño y pegaba pelotazos por estas calles. Y ciertamente sería mentir si digo que todo sigue igual; pero la tendencia, por lo que veo y oigo, es copiar lo malo de la gente joven de ciudad manteniendo las sin razones de antaño. Por ejemplo: aquí hasta hace muy poco salir a correr era algo "rarito". Incluso ahora los que pasan con sus 4X4 me miran con extrañeza, supongo que también ayuda el hecho de que casi no me conocen...pero no hace falta que explique de qué tipo de miradas se trata. Por suerte los tiempos cambian...aunque me doy cuenta de que peligrosamente los más jóvenes del lugar; niños con y sin gorra, me miran extrañados cuando me ven pasar. Si no me sueltan alguna gracia (pero bueno, yo alguna vez también lo hice - ¿vuelvo a justificarlo? - ). Y es que conociendo a los padres se hace difícil que aquí el tiempo vaya cambiando las mentes al mismo tiempo que en ciudades o capitales (si es que allí cambia algo). No deja de sorprenderme cómo chavales de por aquí siguen teniendo los mismos intereses o incluso más deprimentes que los que hace 10 ó 15 años. Recuerdo cuando pasaba aquí los veranos con 16 ó 18, y con muchos menos, y notaba lo diferente que eran a mi. Compartíamos las cosas comunes de la edad: chicas, fútbol, juegos o pensar en chorradas como atarle a un perro un bengala o poner a pelear a los gatos...pero había algo no dicho que los dejaba fuera de ciertas cosas.


Antonio era uno de mis amigos favoritos. Era una de esas personas con la que, por encima de cualquier otra sensación, primaba el bienestar. Se estaba bien con él. Era agradable, entre otras cosas porque podías hablarle de cualquier cosa. No había nada que le pareciera ridículo o fuera de lugar. Sus formas me parecían un poco heterodoxas: su forma de reír, andares, sus movimientos e incluso su forma de estar. No se parecía en nada a cualquier otro chico del lugar. De largo era el más inteligente, más sosegado, tranquilo y paciente. Tenía una madurez extraña a su edad; eso y las ganas de evadirse era lo que saltaba a primera vista.


Casi siempre estaba sólo.

Seguramente alguno lo haya pensado ya, lo que por otra parte es una lástima: que pensemos así…todavía. Pero sí, era homosexual. Claro que tenía amigos, pero es aquí donde yo veía lo lejos que estaba de la forma de sentir y de percibir las cosas con respecto a la gente de por aquí. Muchos lo odiaban y ni siquiera lo conocían. Para mi era algo extrañísimo. Cómo era posible que una persona que te hace tan ameno los ratos que pasas con ella pueda ser repudiada y vilipendiada por sus vecinos. Por supuesto era una visión ingenua propia de mi edad. Cuando se es pequeño la maldad es lo raro, lo extraño, lo que casi nunca pasa.


Por desgracia Antonio terminó odiando a su pueblo.


¿Por qué cada vez salen menos universitarios de este pueblo si hay más niños que antes?. ¿Por qué crecen los embarazos de niñas?. ¿Por qué te pones en la puerta al fresco a leer un libro y terminas sintiéndote como un extraterrestre?...Cómo pensar que algo está mejorando con todos estos atenuantes.


Algo está pasando con la juventud. Les están convenciendo entre todos que pelear por las cosas que te gustan no tiene sentido, que los sueños, sueños son; que con veinte años ya lo conoces todo y nada en la vida te sorprenderá en adelante. Les han dejado sin fe. Por suerte no todos son así, pero que duro es, todavía, ser un “Antonio” en un pueblo como este…o sin ir tan lejos, ponerse a leer en un pueblo como este.

miércoles, 15 de abril de 2009

¿Qué nos pasa?


Ayer estuve en unos grandes almacenes para comprar una guía turística de Praga; desgraciadamente no para mi; al menos por ahora. Me encontré con una vieja amiga que trabaja allí. Omito los nombres porque no quiero que nadie se sienta aludido...además, esto está pasando hoy día por todas partes; pero tomo este ejemplo por lo cercano y clarividente.

Tras los saludos pertinentes y los cómo estares voy notando que su cara se va arrugando paulatinamente. Supongo que el hecho de llevar trabajando tantas horas también ayudó a dejar escapar esas máculas que recorren nuestro interior y que debiéramos sujetar por el qué pensarán.

La música ambiente del lugar, no podía ser de otra forma teniendo en cuenta el sitio, la fecha y la ciudad, era una sevillana corralera (por el volumen, por lo menos). Por una milésima de segundo ella me mira fijamente y yo noto que se escucha a sí misma más que a lo que yo estaba diciendo. Me callo e inevitablemente sucede la confesión: "Pues este año es toda la feria que voy a tener".

En ese instante no sabía de qué me estaba hablando porque aún ibamos por el inevitable "¿qué tal el trabajo?". Muletilla gorda para que ella siga largando: "Ah, ¿sì?"

ella: pues sí, porque me caso en Octubre y claro, con tantos gastos, la crisis...(la arruga ya es pliegue incómodo) Vamos, que ni al Rocio vamos a poder ir, con lo que le gusta a mi novio.

yo: Ah, enhorabuena!!!! (¿su puede ser más falso?). No sabía nada. Bueno, piensa que el año que viene podrás hacerlo ...¿no?

ella: El año que viene estaré recuperándome...jo, si es que...

La conversación fue terminando con mi falso e infructuoso intento de consolarla...oís bien sí, de consolarla cual funeral familiar...

Y es ahí donde viene mi pregunta: ¿Qué nos pasa señores?, ¿En qué se han convertido las bodas?, ¿Qué significan realmente?, ¿Han dejado de ser un motivo de alegría para los contrayentes?, ¿Por qué la gran mayoría de las mujeres quieren casarse y cuando se les pregunta por casualidad antes de su boda ponen la cara como un pantalón de pana recién lavado con agua fría?...son casi las 14:00 y me voy del curro ya, pero prometo volver ...a pesar de poder quemarme....VIVAN LOS BONZOS, FUERA LOS CORRECTOS

lunes, 6 de abril de 2009

viernes, 3 de abril de 2009

Reuniones, formas y formalismos

Es curioso cómo va cambiando la forma de relaccionarnos en función de la edad que tenemos. En estos días he tenido la oportunidad de comprobarlo; eso unido a mi reciente cumpleaños y que éste constaba de unos cuantos tacos (29 para no ahorrarme nada; joder, visto escrito todavía te sientes peor), pues la lucecita alumbró más de lo común y lo vi diáfano como dice mi amigo Cristian.

Prejuzgar a alguien después de las primeras notas es de las peores cosas que hacemos en el trato con los demás. Ésta es una de esas acciones que son fáciles de inferir por cualquiera, pero amigo, qué difícil llevarla a cabo. Supongo que es por nuestra necesidad de seguridad innata. Tenemos que saber pronto muchas cosas, de nuestro entorno, de la gente que nos rodea...el instinto de supervivencia actúa en niveles que están muy por encima de este aspecto. Por supuesto es más importante saber que una grúa marcha atrás emite un sonidito intermitente característico, que barajar la idea de que alguien sea grosero,educado, antipático o sarcástico, pero pienso que también a estos niveles más livianos tratamos de prever rápidamente quien o quienes nos serán más afines; sea cual sea nuestro interés inmediato, por ejemplo: pasar el rato agradablemente, intereses laborales, contactos beneficiosos...o lo más común: una charla agradable y hacer amigos con los que nos enriquezcamos mutuamente.

Todo esto lo hacemos con una naturalidad pasmosa y casi de forma inconsciente. No es que vayamos a un sarao buscando a alguien que nos pueda echar una mano; intentamos pasarlo bien y ya está, pero lo contrario lo evitamos siempre que podamos, es decir, a los molestos, groseros, insoportables, mal educados...hay quien busca esto precisamente, pero lo lógico es que este sospechoso buscador también se halle en medio de los definidos.

Quizá por ello, por dominar rápidamente el terreno, tendamos a intentar dar la mejor de nuestras versiones. A medir las palabras, a ser educadísimos, a hablar de temas de actualidad, de no caer en temas o cuestiones típicas... y es ésta búsqueda de la perfección, de lo políticamente correcto (que para muchos es el cúlmen de la excelencia) lo que a mi me parece vomitivo.

Es una compostura incómoda y antinatural ,que se nota a leguas cuando es forzada, y que dice muy poco del que lo practica. Si nos parásemos un segundo a pensarlo, ese "tour de force", ese esfuerzo que nos saca de nuestro propio yo, no nos añade nada, y si lo hace es absolutamente pasajero y concienciador para uno mismo de que ese "yo" no es el tuyo. Una prostitución consciente que nos convierte en marionetas manejadas por nosotros mismos, que a la larga se volverá contra su el actor; porque la máscara termina cayéndose a base de tiempo o a base de alcohol.

Ser uno mismo siempre es de las cosas más difíciles que hacemos al cabo del día...unas veces porque no nos combiene, otras porque nos beneficia, dejamos en casa la mayor parte de nosotros y sacamos a la calle a un "pseudo-yo" inventado. Tu jefe, tu suegra, la nueva novia de un amigo o simplemente alguien influyente o famoso; suelen ser los que provocan estas reacciones en nosotros.

Yo digo, sé tu mismo: si eres educado, no tendrás que parecer educado, si eres inteligente, no tendrás que parecerlo... y además, quién quiere clichés ortodoxos y puros como compañeros de paseo. Raros, inadaptados, apocalípticos, antisistema, groseros cuando hay que serlo, impertinente cuando hay que serlo, reivindicador si no es para pagar la conviá... que mal cartel tienen y qué buenos amigos son...por qué me acuerdo ahora de Fernando Fernán Gómez. Que Dios lo tenga en su gloria, un grande de España.